sábado, 15 de mayo de 2010

Antonio Lobo Antunes

No tienes nombre, te has ido, las gaviotas y las personas no te
prestan atención, ningún mendigo, ningún perro te olfatea,
si te saludan no respondas, si te preguntan algo di
-No lo se
o inventa una lengua para decir
-No lo se
Por ejemplo
-Vlkxb
o
-Tjmp
y señálales el río con el índice.

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Cuando el tren se ponga en marcha no digas adiós, porque te has quedado en el andén. Es sólo tu pasado el que se ha ido, en el tercero o cuarto vagón de segunda clase, precisamente el que acaba de desaparecer en el túnel. Es sólo tu pasado el que se ha ido: tu presente sigue ahí. Tu presente, es decir, ir al bar de la estación sin haber sacado el pañuelo del bolsillo, sin nostalgia, sin remordimiento, sin pena, y mirar por el cristal de la puerta el andén vacío, con el reloj marcando una hora que ya no es la tuya. No pienses en el equipaje que nadie recogerá en la estación de una ciudad a la que no irás nunca: lo que pusiste allí dentro ha dejado de pertenecerte. Te pertenece esta tarde de Lisboa, tal vez alguna paloma, alguna estatua, el río. Mete la mano en el bolsillo y tira la llave de tu casa, el carné de identidad, la agenda, las fotos de tus hijos, la factura de la luz con atraso que debías pagar: tu pasado se ha ido, tu trabajo se ha ido, dejaste de existir ayer; has dejado de pensar en mañana. En el bar de la estación observas el próximo tren y es de noche. ¿Te esperan para cenar? ¿Han puesto tu plato, tu vaso, tus cubiertos en la mesa? ¿Tu líquido para los ojos, esas gotas que escuecen? No te preocupes por la cena ni por el líquido: no es a ti a quien esperan. No tienes nombre, te has ido, las gaviotas y las personas no te prestan atención, ningún mendigo, ningún perro te olfatea, si te saludan no respondas, si te preguntan algo di
-No lo se
o inventa una lengua para decir
-No lo se
Por ejemplo
-Vlkxb
o
-Tjmp
Y señálales el río con el índice. Después comienza a caminar hacia el agua, donde ya no te sea posible oír los trenes, ni los automóviles, ni a las personas detrás de ti, demasiado lejos ahora, ni a los murciélagos persiguiéndose entre las luces de las farolas. Es la hora a la que pasaba el último autobús en la calle donde viviste, en la calle donde el que tenía tu nombre vivió. Número cuarenta, primero derecha, un baúl con alcanfor a la entrada con un espejo encima que perteneció a tu madre. Hay una mella en el marco tallado, pero es en él donde los rostros antiguos se observan de tiempo en tiempo, sorprendidos por haberse muerto. Inclínate desde la muralla hacia el río y no verás a nadie: el tren se ha ido contigo. Si acaso un teléfono, si acaso un compañero se interesa por ti, si acaso tu hijo mayor allí abajo, en la esquina, porque tal vez un taxi, tal vez tú, una noche de trabajo en la oficina, un amigo de la mili, la consulta al médico que acabó más tarde, tu mujer entre el rellano y la ventana, algo parecido a una lágrima, un anuncio de llanto: no oigas. Oye el agua del Tajo sin ver el agua del Tajo en el marco tallado que tiene una mella, lo que te hace pensar en un cesto o una bota a la deriva, un reflejo cualquiera, pero ¿de quién? Di
-Vlkxb
Di
-Tjmp
Es la única lengua que de verdad conoces. ¿Te acuerdas de tu padre en el patio? ¿De aquél defecto en el pulgar, de la cicatriz en la muñeca? ¿De que fumabas a escondidas detrás del gallinero? ¿De que robabas huevos para venderlos en la tienda? ¿El gato de porcelana? ¿El gato verdadero, sólo pupilas y rabo? Tu pasado se ha ido, no te acuerdas de nada, nada de eso existió y es de noche. Di
-Buenas noches a todos
di
-Fcdnqr
el Tajo entiende. Y después, poco a poco, baja hacia él. Fíjate: el baúl con alcanfor, el espejo encima. En el baúl las sábanas del ajuar, en el espejo los rostros antiguos que te esperan. Eres uno de ellos, has sido siempre uno de ellos. Cuando tu mujer o tus hijos pasen por la entrada te encontrarán allí, entre un cesto y una bota a la deriva, y sabrán que has vuelto. Y por saber que has vuelto tu boca, bajo el agua, comienza a sonreír.


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