miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ursula K. Le Guin


-Más vasto que los imperios, y más lento-
(Planeta 4470- Estrella KG-96651)



-Es todo uno-dijo Osden-. Un gran pensamiento verde.

No hay entonces plantas individuales propiamente dichas.




Sensibilidad sin sentidos. Ciega, sorda, débil, inerte. Cierta irritabilidad, respuesta al tacto. Respuesta al sol, a la luz, al agua, a las sustancias químicas de la tierra alrededor de las raíces. Nada comprensible para una mente humana.

Presencia sin mente. Conciencia de ser, sin objeto ni sujeto. Nirvana.



Infinitos matices e intensidades de verde, violeta, púrpura, castaño, rojo. Infinitos silencios. Un viento suspirante y tibio, cargado de esporas y pólenes, soplando el dulce polvillo verde pálido por las praderas de altas hierbas, brezales que no son brezos, bosques sin flores jamás hollados, jamás contemplados por ojo alguno. Un mundo cálido y triste, triste y sereno.
Una paz de un millón de años.
Conocer toda la luz del día nada menos, y toda la noche. Todos los vientos y los arrullos simultáneamente. Las estrellas del invierno y las estrellas del estío al mismo tiempo. Tener raíces y no tener enemigos. Ser una integridad. ¿Se dan cuenta? Nada de invasiones. Nada de otros. Ser total…



Y ahora el miedo
Pero es su miedo.
No puede hacerte daño.
Es un impulso que corre a través de las sinapsis, un viento que pasa entre las ramas.
No es más que una pesadilla.
No piensa. No es pensante. No es más que una red de procesos. Las ramas, las excrecencias epífitas, las raíces y sus coyunturas nodulares entre individuos, todas capaces de transmitir impulsos electroquímicos. Y el polen parte de la cadena sensitiva, irracional, inmortal, solitaria…
“-Solitaria-dijo Osden-. ¡Es eso! ¡Eso es el miedo! No es porque nosotros tengamos movilidad, o seamos destructivos. Es simplemente porque somos. Somos otro. Nunca ha habido aquí ningún otro.
-Tienes razón-dijo, casi susurró Mannon -. No tiene pares. Ni enemigos. Ni relaciones con nada excepto consigo misma. A solas por toda la eternidad.
-Entonces ¿qué función cumple en la supervivencia de las especies?
- Ninguna, tal vez – dijo Osden- ¿Por qué ponerte teológico Harfex? ¿No eres hainiano? ¿No es la medida de la complejidad la medida de la felicidad eterna?.”











miércoles, 1 de septiembre de 2010

Jochen Gerz - ¿Qué vamos a hacer?




He confesado.

Ahora

¿Qué vamos a hacer?
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Según Suzanne Franz, Jochen Gerz imaginó un futuro de “autores”, una sociedad de participantes activos. Y que cuando uno de esos autores es autor de un crimen, debería ser capaz de decir: -Yo hice esto. Sólo ahí se podrá decir: ¿Qué vamos a hacer?
El arte trata de esa pregunta: Qué vamos a hacer.
Y la verdad es la verdad que tiene voz. No se trata de sólo denunciar el pasado, de sólo expresar dolor y desgracia, hay que definir de nuevo el pasado y exigir responsabilidad. Porque la verdad debe ser creada. La verdad no existe si no se hace.
Sus proyectos contra el fascismo en Alemania, Francia o Gran Bretaña circulan en torno al traumático pasado político de Europa. Para Gerz, “el pasado político es el presente político. Un pasado que no se hizo historia —y no puede hacerlo— está en un estado de caos, y, así, no-público”. Define su trabajo artístico en Alemania como “una participación para hacer público un pasado secreto, y así, cambiar el presente”. Está convencido de que: “El presente se libera cuando se publica el pasado.”
El arte no pertenece a los museos, tampoco al mercado, tiene que ser absorbido de manera directa por los autores (los ciudadanos). Gerz quiere que el arte sea un proceso democrático.
Monumento contra el Fascismo 1986-1996
En 1983 construyó en Hamburgo un monumento contra el fascismo. Era una columna de 12 metros de altura, cuadrada, con una base de 1 x 1 metros. La superficie de plomo, la columna hueca. Al lado, una tabla con una inscripción en siete idiomas, invitaba a los espectadores a firmar en la columna con un bolígrafo de acero, contra el fascismo. Cuando se llenaba el espacio, la columna bajaba desapareciendo poco a poco en el piso, dejando espacio para más firmas.
Después de 10 años y alrededor de 70.000 firmas, descendió totalmente la columna. Ahora en el lugar se ve un cuadrado en el piso, y la tabla, que contiene también la explicación para la desaparición de la columna, diciendo: “Porque nada puede levantarse —en nuestro lugar— contra la injusticia.
Monumento Invisible - Jochen Gerz 1993
En Saarbrücken hizo otro trabajo con un grupo de estudiantes. Retiraron adoquines emplazados frente al parlamento, reemplazándolos por otras piedras. Inscribieron en los adoquines originales los nombres de todos los cementerios judíos que existían en Alemania en 1933. Después de un año y medio y la inscripción de 2146 piedras se hizo público el asunto, y se desató una polémica sobre ese monumento en la prensa. Como consecuencia, se devolvieron todos los adoquines originales: fueron puestos en su lugar, con la inscripción apuntando para abajo. Después de una discusión de nueve horas, y con una mayoría muy chica, el parlamento decidió legalizar el monumento.
Hoy en día, cuando uno pasa por el lugar, no ve nada. Pero cambió el nombre del sitio, que ahora se llama “Plaza del monumento invisible”.
Monumentos polémicos, construidos para ser invisibles, para provocar la palabra que cuenta y que mantiene viva la memoria, para hacer público el secreto del pasado oculto por un Estado, porque “un pasado que no se volvió historia, porque hay un obstáculo que le impide hacerlo, está en caos”.
Monumentos invisibles construidos para cambiar el presente porque “El presente se libera cuando el pasado sale a la luz”.