-Es todo uno-dijo Osden-. Un gran pensamiento verde.
No hay entonces plantas individuales propiamente dichas.
Sensibilidad sin sentidos. Ciega, sorda, débil, inerte. Cierta irritabilidad, respuesta al tacto. Respuesta al sol, a la luz, al agua, a las sustancias químicas de la tierra alrededor de las raíces. Nada comprensible para una mente humana.
Presencia sin mente. Conciencia de ser, sin objeto ni sujeto. Nirvana.
Infinitos matices e intensidades de verde, violeta, púrpura, castaño, rojo. Infinitos silencios. Un viento suspirante y tibio, cargado de esporas y pólenes, soplando el dulce polvillo verde pálido por las praderas de altas hierbas, brezales que no son brezos, bosques sin flores jamás hollados, jamás contemplados por ojo alguno. Un mundo cálido y triste, triste y sereno.
Una paz de un millón de años.
Conocer toda la luz del día nada menos, y toda la noche. Todos los vientos y los arrullos simultáneamente. Las estrellas del invierno y las estrellas del estío al mismo tiempo. Tener raíces y no tener enemigos. Ser una integridad. ¿Se dan cuenta? Nada de invasiones. Nada de otros. Ser total…
Y ahora el miedo
Pero es su miedo.
No puede hacerte daño.
Es un impulso que corre a través de las sinapsis, un viento que pasa entre las ramas.
No es más que una pesadilla.
Pero es su miedo.
No puede hacerte daño.
Es un impulso que corre a través de las sinapsis, un viento que pasa entre las ramas.
No es más que una pesadilla.
No piensa. No es pensante. No es más que una red de procesos. Las ramas, las excrecencias epífitas, las raíces y sus coyunturas nodulares entre individuos, todas capaces de transmitir impulsos electroquímicos. Y el polen parte de la cadena sensitiva, irracional, inmortal, solitaria…
“-Solitaria-dijo Osden-. ¡Es eso! ¡Eso es el miedo! No es porque nosotros tengamos movilidad, o seamos destructivos. Es simplemente porque somos. Somos otro. Nunca ha habido aquí ningún otro.
-Tienes razón-dijo, casi susurró Mannon -. No tiene pares. Ni enemigos. Ni relaciones con nada excepto consigo misma. A solas por toda la eternidad.
-Entonces ¿qué función cumple en la supervivencia de las especies?
- Ninguna, tal vez – dijo Osden- ¿Por qué ponerte teológico Harfex? ¿No eres hainiano? ¿No es la medida de la complejidad la medida de la felicidad eterna?.”
“-Solitaria-dijo Osden-. ¡Es eso! ¡Eso es el miedo! No es porque nosotros tengamos movilidad, o seamos destructivos. Es simplemente porque somos. Somos otro. Nunca ha habido aquí ningún otro.
-Tienes razón-dijo, casi susurró Mannon -. No tiene pares. Ni enemigos. Ni relaciones con nada excepto consigo misma. A solas por toda la eternidad.
-Entonces ¿qué función cumple en la supervivencia de las especies?
- Ninguna, tal vez – dijo Osden- ¿Por qué ponerte teológico Harfex? ¿No eres hainiano? ¿No es la medida de la complejidad la medida de la felicidad eterna?.”


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