
He confesado.
Ahora
¿Qué vamos a hacer?
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Según Suzanne Franz, Jochen Gerz imaginó un futuro de “autores”, una sociedad de participantes activos. Y que cuando uno de esos autores es autor de un crimen, debería ser capaz de decir: -Yo hice esto. Sólo ahí se podrá decir: ¿Qué vamos a hacer?
El arte trata de esa pregunta: Qué vamos a hacer.
Y la verdad es la verdad que tiene voz. No se trata de sólo denunciar el pasado, de sólo expresar dolor y desgracia, hay que definir de nuevo el pasado y exigir responsabilidad. Porque la verdad debe ser creada. La verdad no existe si no se hace.
Sus proyectos contra el fascismo en Alemania, Francia o Gran Bretaña circulan en torno al traumático pasado político de Europa. Para Gerz, “el pasado político es el presente político. Un pasado que no se hizo historia —y no puede hacerlo— está en un estado de caos, y, así, no-público”. Define su trabajo artístico en Alemania como “una participación para hacer público un pasado secreto, y así, cambiar el presente”. Está convencido de que: “El presente se libera cuando se publica el pasado.”
El arte no pertenece a los museos, tampoco al mercado, tiene que ser absorbido de manera directa por los autores (los ciudadanos). Gerz quiere que el arte sea un proceso democrático.
El arte trata de esa pregunta: Qué vamos a hacer.
Y la verdad es la verdad que tiene voz. No se trata de sólo denunciar el pasado, de sólo expresar dolor y desgracia, hay que definir de nuevo el pasado y exigir responsabilidad. Porque la verdad debe ser creada. La verdad no existe si no se hace.
Sus proyectos contra el fascismo en Alemania, Francia o Gran Bretaña circulan en torno al traumático pasado político de Europa. Para Gerz, “el pasado político es el presente político. Un pasado que no se hizo historia —y no puede hacerlo— está en un estado de caos, y, así, no-público”. Define su trabajo artístico en Alemania como “una participación para hacer público un pasado secreto, y así, cambiar el presente”. Está convencido de que: “El presente se libera cuando se publica el pasado.”
El arte no pertenece a los museos, tampoco al mercado, tiene que ser absorbido de manera directa por los autores (los ciudadanos). Gerz quiere que el arte sea un proceso democrático.
Monumento contra el Fascismo 1986-1996

En 1983 construyó en Hamburgo un monumento contra el fascismo. Era una columna de 12 metros de altura, cuadrada, con una base de 1 x 1 metros. La superficie de plomo, la columna hueca. Al lado, una tabla con una inscripción en siete idiomas, invitaba a los espectadores a firmar en la columna con un bolígrafo de acero, contra el fascismo. Cuando se llenaba el espacio, la columna bajaba desapareciendo poco a poco en el piso, dejando espacio para más firmas.
Después de 10 años y alrededor de 70.000 firmas, descendió totalmente la columna. Ahora en el lugar se ve un cuadrado en el piso, y la tabla, que contiene también la explicación para la desaparición de la columna, diciendo: “Porque nada puede levantarse —en nuestro lugar— contra la injusticia.
Después de 10 años y alrededor de 70.000 firmas, descendió totalmente la columna. Ahora en el lugar se ve un cuadrado en el piso, y la tabla, que contiene también la explicación para la desaparición de la columna, diciendo: “Porque nada puede levantarse —en nuestro lugar— contra la injusticia.
Monumento Invisible - Jochen Gerz 1993
En Saarbrücken hizo otro trabajo con un grupo de estudiantes. Retiraron adoquines emplazados frente al parlamento, reemplazándolos por otras piedras. Inscribieron en los adoquines originales los nombres de todos los cementerios judíos que existían en Alemania en 1933. Después de un año y medio y la inscripción de 2146 piedras se hizo público el asunto, y se desató una polémica sobre ese monumento en la prensa. Como consecuencia, se devolvieron todos los adoquines originales: fueron puestos en su lugar, con la inscripción apuntando para abajo. Después de una discusión de nueve horas, y con una mayoría muy chica, el parlamento decidió legalizar el monumento.Hoy en día, cuando uno pasa por el lugar, no ve nada. Pero cambió el nombre del sitio, que ahora se llama “Plaza del monumento invisible”.
Monumentos polémicos, construidos para ser invisibles, para provocar la palabra que cuenta y que mantiene viva la memoria, para hacer público el secreto del pasado oculto por un Estado, porque “un pasado que no se volvió historia, porque hay un obstáculo que le impide hacerlo, está en caos”.
Monumentos invisibles construidos para cambiar el presente porque “El presente se libera cuando el pasado sale a la luz”.
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